Qué pronto me olvidé de ti, absurdo cuaderno verde. Han pasado tan solo unos cuantos días y ya ni te recordaba; pero es curioso. Volviste a mi mente justo cuando tenía algo que decir. Y seguías ahí, en ese rincón en el que te dejé. Seguías ahí, fiel. Esperándome, aguardando que volviera a abrirte, a despegar tus páginas, impaciente ante el roce de mi boli sobre tu papel, deseando mis delirios descargados en forma de tinta, recién exprimidos de mi transtornada mente.
Y he vuelto, ya puedes retomar el estudio de mi caligrafía sobre estas rayas azules, mientras yo continúo llenándote. Porque creo que podemos llegar a establecer una bonita relación entre nosotros dos, amigo de papel. Porque nos complementamos el uno al otro. Yo te completo, te lleno (aunque puede que sea de vacío), y tú me vacías (a la par que me llenas, de más tranquilidad y sosiego, de inquietud y revoluciones en mi interior; lo que necesito me lo proporcionas: plasmar estas ideas imbéciles en tu jodido papel, ese que de vez en cuando impregno con alguna que otra dementidad).
Siempre supe que estábamos hechos el uno para el otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario