Los peros, en qué lugar. Entre los bosques, en el mar. Entre los días lluviosos, los días suaves de piel de melocotón. Aquí en el desastre encuentro un pero, señales incoherentes que intentan aplastarme el vuelo. Quizás algún día vuelva, por ahora sólo llevo en la maleta un billete de ida, porque las nubes me llamaron y el azul que reina en el cielo me necesita (o ya no sé quién a quién). Tal vez un día regrese, entre los puntitos brillantes que iluminan las noches más cualquiera, y quién sabe por cuántos cielos habré pasado, y cuántos se colarán y serán intrínsecos ya de lo que suelo llevar adentro.
Todo esto son las vías de un tren. Sigo caminando y poniendo un pie y pasando la pierna siguiente en movimiento felino hasta el pie que se coloca a continuación. Allí me balanceo, sobre líneas inagotables, las venas de los viajes, casi siento cómo palpitan bajo mis pies y tiembla el sonido de los vagones arrastrándose hacia algún lugar.
Esa figura que desfila haciendo equilibrios de cuerda floja sobre los raíles del tren, es y no es lo que soy. Más bien me siento el viento que ondea, las pestañas que protegen, delicadas, finas, pero que me salvan. De cuántas tormentas me habrán salvado esas pestañas. Más que nada, soy esa piel erizada y los brazos abiertos a ambos lados, los dedos extendidos, la nuca descubierta, por y para el viento, y la barbilla alzada. La bandada de pájaros que atraviesa el momento, salpicando con manchitas negras el azul mezclado entre el color especial de ocaso.
Y sobre todo me forman esas ilusiones autónomas. Ellas, creyéndose algo, se acomodan sin autorización de ningún tipo, sin acuerdo ni premeditación, en mis neuronas, en las yemas de los dedos, entre la uña y la carne se duermen para despertarme a mitad de la noche, y creyéndose tangibles, hacerme creer que las puedo estrujar entre mis puños, y teñirme las manos de verde, un verde claro y de luz.
Les gusta venir en los días lluviosos, para consumar el desastre, y hacerlo arder. Así es la manera en que vuelo con el viento de frente, y así es la razón por la que escojo un quizá.
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